Un extranjero por mal camino

Era un hombre de mediana edad, piel oscura y bigote cano. Leía en silencio y con atención un pequeño libro, no muy grueso, que respondía al título de Constitución Española. Eché una ojeada poco disimulada a las páginas del libro y observé que estaba por el artículo 25. Nadie puede ser condenado o sancionado por acciones u omisiones que en el momento de producirse no constituyan delito, falta o infracción administrativa, según la legislación vigente en aquel momento.  

Pensé en qué había motivado encontrarme en el Metro a un hombre sudamericano leyendo con tanto ímpetu el texto supremo. Quizás no tenía la residencia y su camino para conseguirla pasaba por memorizar artículos de la Constitución que serían materia de examen en esas pruebas de conocimiento patrio de extranjeros tan peculiar. Quizás tenía alguna intención oscura de saber en qué condiciones una persona puede ser condenada por un delito. Uno nunca sabe cuándo se pueden torcer las cosas. O quizás ya era residente español y quería conocer los derechos que le asisten como ciudadano español, los deberes exigidos y los valores que rigen la vida en una sociedad de la que ya forma parte.

Por aquello de la presunción de inocencia (artículo 24 de la Constitución, una página antes), opté por la última opción. Lo bueno del Metro a ciertas horas es la cantidad de personas a las que puedes atribuirle una vida que quizá no tiene. Un gesto, una vestimenta, un prejuicio que te permiten moldear la vida ajena. Les clasificas en una clase social determinada, analizas si sufre o no, si en su mirada al vacío hay cansancio, resignación o desesperanza. Lo malo, que el decoro no te permite aconsejarle para que reconduzca una vida  triste y perdida que, en la oscura y cruel mañana laboral, le has adjudicado a tu vecino de viaje.

Bajé en mi estación y aquel hombre seguía pasando páginas del libro. Me quedé con las ganas de darle un consejo. Si lo que realmente quiere es integrarse en la vida española, le recomiendo que deje de leer la Constitución y que opine allende los mares sobre derechos, justicia e injusticias en España. En ese orden. Esto es España: hacerlo al revés es contravenir nuestra cultura ignorante. El mal camino.

 

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