Podemos y su cortijo de enaltecedores

Hace unos días Podemos quiso hacerse mayor en el Congreso con una proposición no de ley que pretendía modificar el Código Penal y nos dimos cuenta que aún le faltan muchos potitos. Su ocurrencia es descorazonadora: suprimir el delito de enaltecimiento del terrorismo. ¿Por qué? Parece ser que el tenor literal del artículo 578 -que regula este delito- no es lo suficientemente claro, por lo que los malvados jueces pueden usarlo arbitrariamente para hacer pasar por el aro del enaltecimiento simples chascarrillos de jóvenes confusos. Así que, en vez de revisarlo y modificarlo para una mejor comprensión, que se suprima. Sin medias tintas.

Lo que Podemos pretende es que su cortijo de incontinentes tuiteros, que se mofan de todo cuanto destrozó ETA o que promueven las consignas de la banda, se perpetúe ad eternum y con impunidad, haciendo de España un país asilvestrado, sin normas de sentido común que controlen a quienes van perdiendo los papeles a golpe de click. Luego vienen los argumentos, como el de Errejón, que trató de ilustrar su posición diciendo que quien pretende cometer un atentado, no se pone a tuitear. Sagaz táctica, pero hilarante. Los etarras (o los denominados por Podemos, con cinismo galopante, presos políticos) que acabaron con la vida de cientos de personas durante sus años de actividad están dando con sus huesos en la cárcel. Pero quienes promueven sus valores, quienes banalizan sus actos y quienes crean un caldo de cultivo para seguir manteniendo viva la llama terrorista también merecen castigo. Aunque ni quieran, ni se planteen, atentar contra nadie. No se me mezclen, por favor.

Hay un hecho innegable y que, por azar, he podido comprobar. Hace un mes tuve que seguir la maratón de juicios por enaltecimiento del terrorismo que la Audiencia Nacional programó en una semana. Y las diferencias entre unos y otros son evidentes. Algunos de los que declararon iban acompañados a la sala de vistas de la Audiencia de amigotes de su mismo perfil, jóvenes de la izquierda abertzale que no son ingeniosos usuarios de redes sociales, sino fieles convencidos de que la lucha de ETA es una lucha justa y necesaria. Aceptaban los hechos y pedían perdón, cabizbajos, ante el juez (uno de ellos, Grande-Marlaska, fue objetivo de ETA) porque así alcanzaban conformidad con la Fiscalía para dejar la pena en menos de dos años y no tener que cumplir condena efectiva. Pero al menos a mí no me engañaron. A esos hay que controlar. A quienes no ha abandonado el  “espíritu revolucionario” y asesino de la extrema izquierda vasca.

Y sí, a estos individuos pretende proteger Podemos.

En cualquier caso, a Podemos le pone ir en contra del devenir de los tiempos. Mientras todos los países ponen coto a las redes sociales para que no se conviertan en refugio de paranoides descontrolados, Podemos pide que cualquier persona pueda crear una red de adeptos del terrorismo y que se vaya de rositas. Que pueda humillar a las víctimas. Que se cachondee del terrorismo, sea el que sea, por que le ampara la libertad de expresión. O sea, la contralógica.

 

 

 

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