La posverdad feminista

Leí hace unos días, en la versión latina de la BBC, la siguiente frase: “La palabra feminista se ha satanizado”. A continuación se sostenía que la tendencia actual es encasillar a las feministas como radicales. Quien lo dice es Carmen Aristegui, prestigiosa periodista mexicana, feminista y mujer empeñada en robarle años a la muerte. Porque perseguir informativamente al narcotráfico y denunciar la desigualdad de la mujer, en México tiene algo de heroico. O de locura. Pero Aristegui pertenece a la escuela de hombres y mujeres que luchan porque se reconozcan los derechos de la mujer y se reduzca la desigualdad. Y  no les hace falta despelotarse en el Congreso.

La desgracia del feminismo es que quien ha asumido la portavocía mediática es un grupo de mujeres que, escudándose en una causa necesaria, legítima y, en muchos casos, admirable (como lo de Aristegui), ha montado un circo infame. La desgracia del feminismo es la Hermandad del Coño Insumiso; las encapuchadas que, simulando el atrezzo etarra, se hacen llamar T.E.T.A (Tías Emprendedoras con Tetas Armadas); quienes gritan ‘al abortaje’ y quien se sube sin bragas a un escenario para cantar “Manolo, cómeme el coño”… Todas exhiben con orgullo su rol de feminazis: la desgracia esencial del movimiento feminista.

En la era de la posverdad, la de los impulsos y la carencia de análisis objetivos, la triste posverdad del feminismo es que su contenido ha quedado tan vacío (en parte, por las redes sociales, que amplifican la estupidez radical), que ya cuesta saber si el feminismo es de lo que hablaban Woolf o Simone de Beauvoir o si lo es el show de quienes lo usan como coartada para exhibir muchas de sus frustraciones y su interpretación fanática de la realidad. Se ha llegado a tal punto que cuesta ya definir quién ha hecho más por la visibilidad de la mujer: si la privilegiada y reconocidísima mente de Margarita Salas o quienes aparecen públicamente con inscripciones a rotulador sobre sus tetas; si tiene más valor quien se la juega denunciando la desigualdad  en países tan machistas como México o quien soluciona los problemas de la humanidad culpando al heteropatriarcado en 140 caracteres.

Quienes trabajan, a la luz o en la sombra, con esfuerzo, con trabajo, con ejemplo, por dar la visibilidad que tanto se le ha negado a la mujer a lo largo de la Historia, representan al feminismo real. Pero quienes convierten al feminismo en cobijo de fanáticas, de generadoras del odio más recalcitrante hacia el enemigo, han de saber que no son mucho mejores que aquello que denuncian.

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