El muro de Berlín que dividió América

“¿Habéis estudiado lo que es el muro de Berlín?”, pregunta una avezada estudiante de Enfermería, entrada ya la noche, a sus compañeros de reality. Está agitada. Le cuesta construir las frases que concentrarán, de forma sintética, su próxima clase magistral. Las ideas fluyen. Alguien deja escapar un juicio finísimo: “era un muro que separaba”. La potencial enfermera toma la voz. Se dirige a su aforo somnoliento. “Era que estaba un muro que separaba todo lo que era la zona de América“. El norte y el sur, se entiende. No creo que haga falta detenerse en esto. “Estaba como… o sea hubo como una guerra digamos“. Para resumir, vaya. “Después de tantos años, estuvo 20 años así”, tira de hemeroteca, “[…] los obreros ya se hartaron y cogieron y empezaron a destrozar el muro entero”. “Y hay gente que sufrió mucho por todo eso”, concluye la ponente. “¿Sí? Joder”, reflexiona una joven, pensativa, reconstruyendo pasajes históricos en su mente.

Cuatro de cada diez españoles no lee nunca o casi nunca un libro. Lo dice el CIS. Octubre de 2016. Y de los otros seis españoles hay que excluir a quienes el pudor les impide reconocerlo. Tan solo una pequeña porción, rara avis de nuestro siglo, lee con periodicidad.

Supongo que me siguen.

Creo que en psicología lo llaman proyección psicológica negativa. Consiste en atribuir a otra persona o grupo de personas pensamientos o actitudes inaceptables para uno mismo. La ilustrada del primer párrafo puede que maldiga el estado de la Educación en España, su anacronismo, sus desastrosos resultados. Vendrá a decir que, si ella confunde Berlín con América, si no sabe definir qué ocurrió en esa guerra (“digamos”), si desconoce la Historia contemporánea, es por el sistema, que embrutece a sus alumnos, y nunca por su acuciante incultura que exhibe sin rubor. Y si ella no lo hace, encaja en la categoría de quien atribuye su poca capacidad para aprender, para asombrarse y cultivarse intelectualmente, a un establishment que le priva de ello. Que le castiga si un día coge un libro de Historia, de Filosofía, de Arte… Já. La epidemia egocentrista de nuestros tiempos….

PD: Parece ser que nuestra amiga, potencial enfermera, se revolcó con un muchacho aquella noche bajo el edredón. Qué suerte tienen algunos de trabajar en lo que les gusta.

 

 

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